viernes, 31 de julio de 2015

Tokio

Bueno, llegó el temido momento de afrontar la difícil tarea de relatar mi fabuloso viaje por el sudeste asiático. Y no tengo mucho tiempo porque en menos de dos meses, gracias a las interminables millas que ganamos viajando casi 40 horas de ida y de vuelta, se viene una nueva aventura: USA 2015, por Miami, la costa del Golfo de México, Nueva Orleans, Chicago y Nueva York. Pero mejor no me adelanto, ya habrá tiempo.

En una entrada anterior ya conté cuál fue el recorrido pero vale la pena repasarlo; Japón, Tailandia, Camboya, Vietnam y Malasia, durante 30 intensos días.

Ahora le toca el turno a la primera escala, la mítica ciudad de Tokio, muy difícil de describir. A mi me gusta investigar bastante sobre las ciudades que voy a visitar y generalmente empiezo por mapear en Google Maps los edificios y sitios que me interesa conocer. Eso, más allá de ser un defecto profesional, me permite ir reconociendo la ciudad y entonces, salvo -poco- honrosas excepciones, cuando llego al lugar me ubico rápidamente. Aún después de varios meses de averiguaciones no sabía qué esperar y a las imágenes fuera de contexto que veía (que iban desde torres recién terminadas a callejones de casitas pasando por negocios súper exclusivos y calles tan iluminadas que había 24 horas de luz) le sumaba lo que suponía que Tokio había sido en el pasado con las casas de té y las geishas, los templos y palacios, los jardines de arena y piedra y una imagen bucólica evidentemente ya superada. Pero también, sabiendo que Japón es una de las mecas de la tecnología, me imaginaba una ciudad casi futurista, súper moderna, prolija y perfecta.
¿Con qué me encontré? Con un poquito de todo eso pero en realidad no. A ver si logro que se entienda.
Tokio, como casi todas las ciudades grandes, tiene varios barrios que vale la pena conocer, cada uno con características particulares: Shinjuku (tiene dos partes: un centro institucional y de negocios y otro comercial y de restaurantes), Ginza (uno de los más exclusivos, cerca de la Estación de Tokio, oficinas, hoteles y comercios de alto nivel), Omotesando (locales de las mejores marcas internacionales en una zona muy elegante), Akihabara (el barrio electrónico de Tokio con sus cientos de comercios de teconología, lugares para jugar y para comprar ropa tipo animé), Ueno (dominado por el parque del mismo nombre), Shibuya (donde está el famoso cruce peatonal), Roponggi (aparentemente el más moderno, con un complejo de torres como centro) y algunos más. Nuestra idea era visitarlos todos y conocer todos los edificios que, como buenas arquitectas, habíamos marcado para ver. Tres días y medio no es mucho tiempo pero se puede.
Llegamos a Tokio luego de 38 hs de viaje (Buenos Aires - Houston - Tokio por United Airlines y Air Japan -muy buena-) y estábamos obviamente agotadas pero también ansiosas por empezar nuestra aventura asiática.
Habíamos reservado hotel en Shinjuku por recomendación de un amigo, muy buen consejo por cierto, así que desde el aeropuerto Narita tomamos el Narita Express. Teníamos que bajar en Shinjuku y hacer combinación para llegar a la estación Shinokubo, cerca de la cual estaba nuestro hotel. Un tiempo antes de viajar yo había leído que Shinjuku era la segunda estación más compleja y concurrida del mundo! obviamente teníamos miedo de perdernos y el cansancio que teníamos encima no ayudaba. Por suerte, cada nuevo viaje me recuerda que todo es más sencillo de lo que parece y que, de alguna manera, uno se arregla, así que logramos navegar entre la marea de japoneses y nos las apañamos para llegar a nuestro destino.
Paso 1: Tomar el Narita Express que, obviamente, llega y sale MUY a tiempo y cada vagón para exactamente donde debe. 
(Soy argentina y recordando nuestros trenes estas cosas me asombran, qué se le va a hacer)
Paso 2: Encontrar el camino correcto en la inmensa estación, que combina el Narita Express con los trenes urbanos y el subte, entre esta cantidad de gente. 
Porque sí, siempre hay tanta gente. 
Okubo Dori, la avenida más cercana al hotel, desde la estación Shinokubo
Paso 3: encontrar el callejón donde estaba nuestro hotel. De noche. 
Al final descubrimos que teníamos que teníamos que doblar en el 7eleven, negocio que nos acompañaría por todo el sudeste, por suerte. 

Llegamos al fin (a una habitación más apropiada para los Minions que para dos mujeres adultas) y como teníamos la fantasía de que podríamos evitar el famoso jet-lag estirando el día, dejamos las cosas y salimos a pasear un poco y cenar y en nuestra breve caminata vimos que todos esos contrastes que habíamos visto en internet eran absolutamente reales.
Nuestro hotel estaba en un callejón tranquilo, con casas bajas y algún pequeño negocio. Parecía una zona suburbana y, sin embargo, estaba a diez minutos de uno de los lugares más activos del mundo.
Esto es Shinjuku
Esto es Shinjuku
¡Y esto también es Shinjuku!
Estos contrastes se dan por toda la ciudad. Nuestra impresión fue que todos esos barrios que mencioné antes tienen centros de pocas manzanas que concentran una intensa actividad pero entre ellos la ciudad es mucho más tranquila, más baja, con más espacio y un ritmo menos frenético. Es una ciudad terriblemente densa con lotes increíblemente pequeños y edificios que se van para arriba buscando el espacio que les falta en el suelo, pero varía mucho en pocas cuadras. Es bastante caótica en su estructura, está atravesada por los trenes que circulan elevados y por algunas autopistas, tiene muchas fracturas y sin embargo no se interrumpe nunca.
Lo otro que nos impactó, y tal vez tenga con ver con la globalización o con la propia historia del país, es que si no fuera porque los letreros están en esos caracteres extraños y hermosos con que se expresa el idioma japonés, podríamos pensar que estamos en alguna ciudad grande de Estados Unidos. No quiero ofender a nadie ni pasar por tonta pero realmente es lo que sentí. Porque hoy en día ni siquiera los rostros redondos y de ojos rasgados nos llaman la atención, la vestimenta es "a la occidental", casi siempre, y el comportamiento es como el nuestro, los negocios son los mismos también. Lo que más nos salvó de la confusión fueron estos personajes geniales que, creo, sólo podrían existir ahí.
Oso panda (?) reponiendo juguetes en una maquinita / Chica vestida de lolita o algo así / Kimonos para ir al templo / Kimono masculino y zapatos-medias
Bueno, volvamos al viaje.
Dejamos el hotel y fuimos hasta el Shinjuku luminoso, dimos unas vueltas asombradas por tantas luces y brillos (estábamos medio atontadas por las 38 hs de viaje así que todo nos parecía ¡Wow!) y buscamos un lugar donde comer. Terminamos en un sótano, son muy comunes los restaurantes en sótanos o primeros pisos, comiendo una cazuela de pollo con hongos shimeji deliciosa pero picante como la p... que lo p... y un arroz salteado con verduras impresionante. Lástima que era mucho y estábamos muy cansadas porque estaba riquísimo. Si se piensan que pedir eso fue fácil están equivocados, los japoneses hablan inglés pero no todos y en general sólo lo básico, algunos lugares tienen menúes en inglés y casi todos tienen fotos pero preguntar por el tamaño de las porciones, si la comida es picante o qué es exactamente lo que lleva es complicado. Hay que arriesgarse.

Después de la cena ya no dábamos más así que volvimos al hotel y nos quedamos dormidas enseguida con la ilusión de que le habíamos ganado al temido jet-lag. Error. 2.30 am estábamos despiertas. Un infierno. Intentamos dormir, yo quietita deseando que eso ayudara, y Marisú... no, pero bueno. 6.30 aceptamos la realidad, nos dimos una ducha y salimos a la calle. Gracias al cielo, o al Tío Sam, había un McDonalds abierto y nos animamos a un combo japonés/yankee de desayuno e hicimos tiempo hasta una hora decente, tipo 8 por ejemplo.
Hamburguesa, huevos revueltos, pancakes y una croqueta de arroz. Compartimos, aclaro.
Al día siguiente Marisú se animó a un sandwich que en la foto parecía de queso rebozado pero resultó se de pescado! Menos mal que yo me atuve a mis queridos pancakes. 
En nuestro primer día completo, así zombies como estábamos, nos fuimos a la estación Shinokubo y un poco milagrosamente logramos sacar un pase diario para los trenes y tomamos la línea Yamanote (la verde, bah) para ir hasta el Parque Ueno. Debe ser el más grande de la ciudad, tiene museos, centros de espectáculos, templos, lagos, zoológico, etc. Es lindo pero la verdad no está taaaan "ueno" (cuac), pero creo que realmente resplandece en la época en que los cerezos están en flor.
Templo Gojoten / Templo Toshogu (muy lindo) / Museo Nacional de Tokyo (no entramos, no nos daba el cerebro para museos) / Sala de espectáculos Tokyo Bunka Kaikan (interesante edificio brutalista)
Después nos fuimos a Akihabara, o electric town, el barrio de los electrónicos, los productos relacionados con el animé, juegos y demás cosas por el estilo. La zona vive realmente de noche así que volvimos para ver las luces a full, pero igual recorrimos los distintos locales que permiten conocer cuáles son los gustos de los japoneses y acá corro el riesgo de ser ofensiva pero la verdad es todo medio raro, abundan los Maid Café donde atienden chicas vestidas de mucamitas, los locales de disfraces venden trajes de lolitas con polleritas cortas y con volados, hay objetos varios que representan chicas muy chicas con poca ropa, incluso vimos un almohadón que de un lado tenía una chica -apenas- vestida y del otro lado la mostraba con la ropa desgarrada. ¿Qué onda? Todo parece bastante ingenuo, los cafés son cafés realmente y nada más, y hay montones de locales tipo Sacoa de varios pisos llenos de maquinitas para sacar juguetes con las pinzas, como las de los ositos sí, pero igual... Es raro. En fin.
El día y la noche
Volvimos a tomar la línea Yamanote, que pasa por casi todos los sitios turísticos, para ir a la Estación de Tokio en el barrio Marunouchi. Se trata de la vieja estación central de trenes que fue "recuperada", aún funciona como estación pero además tienen en el subsuelo un centro comercial con un sector gourmet muy bueno. El barrio debe ser una de las zonas más exclusivas porque está poblado por edificios de calidad, seguramente de oficinas y hoteles, todo muy elegante y exclusivo. Frente a la estación está la JP Tower que en los primeros niveles tiene un centro comercial rematado por una terraza de acceso libre, con un diseño paisajístico muy bueno, desde donde se tienen excelentes vistas de la zona. No se la pierdan.

A pocas cuadras de ahí está el Forum Internacional de Tokio, diseñado por el arquitecto uruguayo (aunque nosotros lo tomamos como argentino) Rafael Viñoly. Es una obra fabulosa que aloja salas de espectáculos, de eventos y de exhibición, restaurantes y locales comerciales. Todo gira alrededor de un impresionante lobby de varios pisos de altura, una especie de elipse terminada en puntas. Está definido por un muro vidriado que da al exterior y una pared curva revestida en madera que esconde una rampa que conduce a los distintos niveles. Un lado abierto y un lado ciego, diríamos los arquitectos. Puentes de metal y vidrio cruzan el espacio en lo alto. Sólo por este espacio vale la pena la visita y hay que subir las rampas y atravesar los puentes para percibirlo por completo.

Los detalles de las carpinterías y las cubiertas son increíbles y está en perfecto estado, demostrando la calidad de su diseño y construcción, a pesar de que tiene sus años, el concurso es de 1989 y la construcción finalizó en 1996. Un orgullo para nosotros los rioplatenses.

Con esas bellas imágenes todavía en la mente seguimos viaje, esta vez a pie, hasta Ginza, una zona comercial bastante exclusiva, con la misión de ver más arquitectura, esta vez las sedes de las marcas más famosas diseñadas por capos como Toyo Ito, Tadao Ando, Herzog & de Meuron y otros por el estilo. El bolsillo no corre peligro acá, casi todo es imposible. En lo único en que gastamos fue en un cerdo agridulce riquísimo que comimos en un restaurante bastante canchero ubicado en un primer piso.

Luego fuimos caminando hasta la zona del famoso mercado Tsukiji pero no entramos porque funciona a la mañana temprano y además es de pescados. Si tienen el espíritu dicen que vale la pena ir al amanecer a presenciar la subasta de atún. Se los debo.
Pasamos nuevamente por Akihabara para verla en todo su esplendor y volvimos al hotel casi arrastrándonos. El cuerpo no nos dio para más que pasar por el inefable 7-eleven a comprar algo: unos fideos instantáneos tipo Maruchan para Marisú (es adicta) y un sandwich sencillito para mí que tenía el estómago pesado. Y a dormir, a ver si conseguíamos descansar un poco.
Falsas esperanzas. Nos despertamos a las... 3. Sip. Aguantamos en la cama como hasta las 7 y nos fuimos a nuestro McDonalds a desayunar.
Estaba horrible, muy frío y con lluvia pero igual fuimos al templo Senso-Ji, en Asakusaque me encantó. Es un poco for export pero igual lo sentí auténtico y había gente rezando y no sólo turistas.

Ahí seguimos un ritual que marcaban las guías: había que sacar un palito de una caja, mirar el símbolo y abrir el cajón coincidente para sacar nuestra "fortuna". ¡Me salió la mejor! A Marisú la peor a pesar de que hizo trampa y sacó tres papeles! Igual, todavía sigo esperando :(

N°99 La mejor fortuna
El sol brilla tan brillante que tendrá la bendición del cielo
La luna brilla clara nuevamente después de que pasan las nubes
Puede tener un raro tesoro
Ganando fama, puede alcanzar todos sus deseos
Su deseo será realizado. La persona enferma mejorará. El artículo perdido será encontrado. La persona que está esperando llegará. Es bueno hacer un viaje. Matrimonio y trabajo serán buenos. 
¿Alguno se tiene que cumplir, no?

De lo sagrado fuimos a lo pagano: Omotesando, otra zona comercial de lujo muy linda que convive, contrastes otra vez, con Takeshita Dori, una calle peatonal donde se juntan jóvenes y adolescentes de todas las tribus urbanas, de ahí salen las tendencias. Es muy loco.

En Takeshita encontramos un negocio que nos encantó: Daiso, una especie de "Todo por 2$" o "Doña 100 pesetas" japonés donde todo costaba 100 yenes (1 dólar). Había desde papelería y recipientes de todo tipo, a cosas de belleza, juguetes, comida y bebida, todo lo que se puedan imaginar. Compramos, obviamente, unos sobres de plástico tipo zip-lock, papelería con diseños típicos, mantelitos con los palitos para comer sushi y varias cosas más. Si andan por ahí no dejen de entrar.

Cuando empezaba a atardecer nos fuimos a Shibuya para ver el famoso cruce desde el Starbucks que está en frente, como recomiendan, porque tiene la mejor vista. Es muy impresionante aunque la verdad es que en Tokio hay más de un cruce de ese tipo, no tan concurrido ni con tanta fama, pero casi cualquier esquina es un cruce de Shibuya y no se entiende de dónde sale tanta gente y adónde va.
video

Terminamos el día en Roppongi Hills, un fabuloso complejo de torres con una explanada fabulosa con una Maman de Louis Bourgeois y una privilegiada vista a la ciudad, con plano especial de la Torre de Tokyo, que aloja el Mori Art Museum, de arte contemporáneo que además tiene uno de los mejores miradores en el piso 52.



En nuestro último día en Tokio (dormimos hasta las 6.30 ¡Yes!) fuimos a caminar por la zona institucional de Shinjuku, una especie de city donde también está el ayuntamiento, pero estaba todo cerrado porque era 30 de diciembre y resulta que allá es feriado. ¿O sería domingo? La verdad no sé, cuando uno viaja pierde noción de los días, pero era 30 de diciembre así que no nos pareció raro.
Después fuimos otra vez hasta la Estación de Tokio para llegar a los jardines del Palacio Imperial que también estaban cerrados pero igual nos gustó el paseo y el día estaba precioso.
Jardines del Palacio
Marunouchi desde los Jardines
Esta fue nuestra despedida de Tokio, pocas horas después tomamos el vuelo a Bangkok. La ciudad me gustó mucho, no era como yo esperaba pero eso no es necesariamente malo. Leo y releo esta entrada y me doy cuenta de que no logro transmitir cómo es la ciudad pero sobre todo porque todavía ni yo lo sé. Es moderna pero no tanto; tiene como un aire años 70 por los trenes y autopistas que la cruzan sin (aparentemente) ningún cuidado por el paisaje y por otras cosas como los uniformes de los guardias y los autos que ni de cerca son tan impresionantes como uno supondría; el clima es muy parecido al de cualquier ciudad de occidente pero en ninguna de esas urbes sería posible encontrar personajes como los que mostré antes ni barrios enteros dedicados a juguetes y video juegos, por ejemplo; es intensa y vibrante pero también tranquila y sencilla. Es muy difícil de describir así que tendrán que ir para sacar sus propias conclusiones.
Me encantó observar a la gente, me asombré y reí con su gusto por los disfraces y esos atuendos extraños, me quedé con ganas de saber más sobre la cultura japonesa contemporánea, de ver más y mejor arquitectura y, básicamente, de estar más despierta y disfrutara aún más.
¿Volvería? Sí, sin dudas. Pero trataría de combinarlo con una recorrida más extensa por Japón porque no alcanza con ir a una capital para conocer un país.
Habrá segundas partes y seguro serán buenas.


+ info

Transporte
Como ya mencioné para conectar con el aeropuerto lo mejor es el Narita Express que llega a las principales estaciones de conexión como Shinjuku o la Estación de Tokio. Sale con horarios fijos y asientos asignados. Cuesta 3000 yenes más o menos.
Dentro de la ciudad lo más común es moverse en tren que tiene una red más extensa que la del subterráneo. Esto es lo único que nos pareció caro de Tokio, el ticket individual cuesta entre 170 y 280 yenes según la distancia, pero hay pases diarios por 750 yenes y también pases por varios días. Los tickets se sacan en unas máquinas ubicadas en la entrada de las estaciones que no son muy fáciles de entender al principio pero en todas las estaciones hay unas cabinas con guardias que, como pueden, indican qué pase sacar, tengan en cuenta que los pases no sirven para todas las líneas. Se paga con monedas. Hay que conservar los tickets porque se validan para hacer combinaciones y para salir. De todos modos si uno se equivocó con el ticket puede pagar la diferencia en la estación.
A no asustarse, después de sacar el primer ticket ya está.

Alojamiento
Nosotras nos quedamos en el Hotel Empire de Shinjuku que estaba muy bien en precio, no hay muchos hoteles baratos, y en ubicación. No importa cuál elijan es fundamental estar cerca de una estación de tren o subte. Shinjuku es una buena opción, la próxima vez me gustaría probar Ginza u Omotesando si encontrara buenos precios.

Comidas
Los desayunos japoneses no son muy de nuestro estilo, pueden tener pescados o caldos, pero están casi todas las cadenas de cafeterías internacionales y es fácil encontrar desayunos tipo americanos.
Para almorzar y cenar lo ideal es probar la comida local pero hay cocina de todo el sudeste asiático y de todo el mundo en realidad.
Los precios son más que razonables, las dos cenamos más que bien por 2000 yenes, desayunamos o almorzamos por 1000 o menos.
A nosotras el cansancio nos jugó en contra y debemos haber hecho tres o cuatro comidas reales pero todo estaba muy rico. Como dije no siempre hablan inglés así que casi todos tienen menúes con fotos y siempre se puede señalar el plato que están comiendo en la mesa de al lado como hicimos nosotras con este cerdo agridulce tan rico.

Compras
No compramos casi nada porque era el inicio de nuestro viaje y no podíamos empezar a cargarnos con cosas pero por un lado están presentes todas las marcas internacionales caras y populares y entre las cosas típicas obviamente los kimonos, cosas relacionados con el té, vajilla y palitos para comer, objetos religiosos o amuletos, y miles de cosas más.
Una visita necesaria si les gusta la ropa sería Uniqlo, la marca japonesa de ropa informal, que vende las famosas camperas livianas de pluma que son realmente geniales. Yo compré una en Estados Unidos hace unos años y fue una gran adquisición. Está en otras ciudades del mundo pero bueno, esta es la sede central.
Los electrónicos no nos parecieron convenientes pero Tokio sí es el reino del animé así que los fanáticos van a encontrar ahí todo lo que quieran y mucho más.

Cambio
1000 yenes son más o menos 10 dólares. Nosotras en 3 días y medio gastamos unos 15.000 yenes entre efectivo y tarjeta, unos 150 dólares, nada mal. Tengan efectivo, muchos restaurantes no aceptan tarjeta.

Clima
Fuimos en invierno y puede ser muy frío pero tuvimos suerte, no tuvimos menos de 8 grados y salvo un día siempre hubo sol, pero hay que ir preparados para la calle solamente porque todos los lugares están muy bien calefaccionados.


Termino la entrada con un collage de esas imágenes que me gusta tanto captar a las que agrupo en la categoría texturas. 

domingo, 28 de junio de 2015

Portugal bonus track: Aveiro, Sintra y Cascais

Nuestro viaje por el bellísimo Portugal se completó con la visita a tres ciudades cercanas a Porto y Lisboa: Aveiro, Sintra y Cascais.

Aveiro
Aveiro es una preciosa ciudad ubicada a una hora de tren de Porto, tierra de pescadores, que se caracteriza por unos simpatiquísimos barcos llamados moliseros, que hoy se usan para paseos turísticos pero antes fueron las embarcaciones típicas y llaman la atención por sus dibujos subidos de tono.
Más allá de esto Aveiro también vale la pena por sus sus canales, su colorida arquitectura y sus agradables calles.
Nos tocó mal tiempo y fue una lástima porque no pudimos ir a la playa a ver esto

Para llegar hay que tomar el tren en la estación Sao Bento hasta Aveiro. El viaje cuesta menos de 4 euros por tramo y dura 1.10 horas, los trenes salen cada hora.
Desde la estación se puede ir caminando al centro de la ciudad y ahí mismo se puede hacer el paseo por los canales, 6 euros por persona. 


Sintra
Sintra está aproximadamente a una hora de tren de Lisboa y es uno de los sitios más visitados por lo atractivo del pueblo pero sobre todo por el peculiar Palacio de la Pena, construido en 1836 por el  rey Fernando II, originario de Austria que se casó con la reina María y se convirtió en monarca de Portugal.
El palacio está ubicado en lo alto de una colina y tiene impresionantes vistas al paisaje que se extiende a sus pies.
El pueblo es muy agradable, está casi totalmente dedicado al turismo, y es ideal para una escapada en el día desde Lisboa.

El tren a Sintra sale desde la estación Cais do Sodre ubicada a pocas cuadras de la Plaza del Comercio en Lisboa. Salen cada media o una hora, el viaje dura 1.30 horas y cuesta unos 3 euros por tramo. 
El pueblo está a sólo unas cuadras de la estación, el camino está bien señalizado, y ahí se puede tomar un bus para ir hasta el Palacio, 10 euros. El costo de la entrada al Palacio depende de lo que que se desee visitar, nosotras pagamos 15 euros por persona para ver sólo el palacio. 


Cascais
Cascais es una localidad balnearia ubicada sobre la costa de Estoril. Está apenas a 40 minutos de Lisboa y es ideal para pasar el día o quedarse un poco más disfrutando del mar.
Tiene el clima de los lugares de playa, está llena de restaurantes y negocios de souvenirs, la mayoría de las calles son peatonales y se respira un aire de relajación y bienestar.
La playa es preciosa pero no tiene infraestructura así que casi conviene ir con el traje de baño puesto porque no es fácil encontrar donde cambiarse.

El tren se toma también en la estación Cais do Sodre, el viaje dura 40 minutos y cuesta 2,15 euros por tramo. 


Con esta entrada termino (¡casi dos años después!) el relato del viaje "Europa2013" que compartí con mi madre 15 años después de nuestro primer viaje a Europa en 1998. Fue un viaje hermoso por muchas razones, por los lugares que conocimos y por la compañía.
Después de este hubo otros destinos sobre los que todavía no me dio tiempo a escribir (Chile y Brasil) pero las próximas entradas serán sobre la gran aventura por el sudeste asiático. 
Hasta entonces. 

domingo, 7 de junio de 2015

Lisboa

Ultima parada del viaje "Europa 2013" en la bella Lisboa, la de la Baixa y el barrio Alto, la de Fernando Pessoa, la del barrio Alfama y sus fados, la del Marqués de Pombal, la de los pasteles de Belén y los tranvías de madera, la de las colinas y las playas, la de las castañas asadas y los chupitos de Ginjinha, la de las veredas empedradas y las fachadas de colores, la que renació después de un terremoto que la devastó casi por completo y hoy brilla a orillas del Tajo.
Mucha Lisboa.
Llegamos en tren desde Porto, apenas 2 horas de un viaje más que confortable, hasta nuestro hotel en la Baixa, a unos metros de la Rua Augusta. Porto nos había despedido con lluvia pero Lisboa nos recibió con calor y un precioso cielo blanco y azul.
El centro histórico de la ciudad es la Baixa, o Baixa Pombalina, que está al nivel del río (siempre estoy tentada de decir mar de lo amplio que es). Este barrio fue el centro de la reconstrucción luego del terremoto y el tsunami que arrasaron con la ciudad en 1755. El proyecto estuvo a cargo del Marques de Pombal quien en este sector optó por un diseño ortogonal formado básicamente por calles perpendiculares a la costa que conducen a la Plaza del Comercio, una inmensa e impresionante plaza seca a manera de las plazas mayores de iberoamérica.


 Estas calles tienen nombres que remiten a los oficios que históricamente se desarrollaban en la zona (Rua Aurea y Rua da Prata por los negocios de venta de oro y plata; Rua da Prata; Rua dos Sapateiros; Rua dos Fanqueiros por los comerciantes de algodón y lino) y la principal, la Rua Augusta, tan majestuosa como su nombre.
Este es el corazón de la zona turística, las calles están invadidas por las mesitas de los restaurantes y vendedores que parecen sacados de tiempos pasados. Aquí la arquitectura es planificada y pareja con edificios de planta baja comercial, cuatro niveles de residencia y mansarda como remate. Casi todos tienen el basamento de piedra y balcones de hierro y muchos tienen fachadas recubiertas en azulejos de colores pero en general todo es bastante sobrio. La Rua Augusta es peatonal y un gran arco de triunfo enmarca la entrada a la Plaza del Comercio, al río y desde allí al mundo. Después de todo Portugal fue tierra de exploradores y adelantados, protagonistas fundamentales del descubrimiento de nuevos mundos.





Hacia el oeste y salvando un desnivel de casi cuarenta metros está en barrio Chiado, uno de los más exclusivos de la zona histórica, donde se encuentran negocios de lujo, restaurantes de moda y el Café a Brasileira al que concurría habitualmente Pessoa para tomar una bica, una especie de espresso portugués, y también algún que otro trago de absenta.
Elevador Santa Justa. El medio más pintoresco para llegar a Chiado. Construido por un discípulo de Eiffel.
La Baixa desde lo alto del elevador y más atrás el Castillo San Jorge.

Convento do Carmo, Museo Arqueológico.
Largo do Carmo.

Largo do Camoes

Homenaje a Pessoa frente A Brasileira.
Justo al lado, hacia el norte, está el Barrio Alto, más pobre, pintoresco y bohemio, con mucho color e hileras de guirnaldas adornando las calles. Cada cambio de rumbo nos puede ofrecer unas preciosas vistas de la ciudad desde lo alto.



Iglesia San Roque, un tesoro del Barrio Alto.

Bajando desde el Barrio Alto llegamos a la zona de la plaza Rossio donde está la estación de trenes del mismo nombre y el Teatro Nacional María II. Hay mucha actividad y debe ser el barrio de los africanos porque alrededor de la iglesia de Santo Domingo había mucha gente de ese origen.
Estación Rossio

Plaza Rossio con el Teatro Nacional de fondo
Al otro lado de la Baixa, hacia el este, está Alfama, el barrio más antiguo de la ciudad que creció a los pies del castillo San Jorge, hogar de la aristocracia y del pueblo. Alfama es la cuna del Fado, la expresión más popular de la música portuguesa, melancólica y sentida. Dicen que es aquí donde se pueden escuchar los fados más auténticos aunque confieso que no lo hicimos, queda para la vuelta.
Por supuesto también hay una Lisboa más moderna y "normal".
Se de Lisboa
 Las callecitas de Alfama
La ciudad desde el Largo Portas do Sol
 La entrada al Castillo San Jorge
 El Fado siempre presente

Al norte del Rossio se extiende la Avenida Libertad, zona residencial y de comercios de calidad, que conduce a la Plaza Marqués de Pombal y, más allá, al Parque Eduardo XVII, una impresionante alfombra verde que se extiende por casi 1000 metros hasta la colina donde se encuentra el Palacio de Justicia.

Otra zona para visitar es la zona de la Basílica de la Estrella y el Jardín de la Estrella, hacia el noroeste de la Baixa. Para llegar lo mejor es tomar en la Baixa el tranvía 28, el más famoso, que antes pasa por el Barrio Alto y la Asamblea de la República (este mismo tranvía se puede tomar para ir a Alfama). Muy cerca de la Estrella está la Casa Museo de Fernando Pessoa.

Asamblea de la República

El famoso carris 28
Basílica de la Estrella
Jardín de la Estrella
Casa de Fernando Pessoa
Lo más nuevo de Lisboa está al este en la zona donde se hizo la Exposición Universal de 1998 que conmemoró los 500 de la llegada de Vasco da Gama a la India. El edificio principal es el pabellón de Portugal mi admiradísimo Alvaro Siza, éste y los demás pabellones conforman hoy el Parque de las Naciones, un complejo de edificios institucionales, culturales y educativos, que incluyen la fabulosa Estación Oriente del afamado y polémico Santiago Calatrava.
Estación Oriente





Imposible visitar Lisboa sin llegar hasta Belén, un barrio histórico y monumental al que quería ir para probar los famosos pasteles de Belén en la confitería donde los hacen desde 1837.
Por ahí también están el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belén, el Monumento de los Descubrimientos y el Museo Colección Berardo. Se puede ir... después de los pastelitos, claro.
Las calles de Belén
Monumento a los descubrimientos
Torre de Belén
Museo Colección Berardo. Un museo de arte contemporáneo, con entrada gratuita, con una colección que no esperábamos encontrar: Warhol, Picasso, Man Ray, Dali, Torres García, Calder y mucho más.


Monasterio de los Jerónimos. Impresionante


Pasteles de Belén. Los venden en todo el país pero los mejores están aquí.


+ info

Alojamiento
Nos quedamos en la Albergaría Insulana que es económica y está muy bien ubicada en la Baixa a unos metros de la Rua Augusta, pero no la recomiendo con mucho entusiasmo porque está muy vieja, necesita una renovación.
La Baixa es una excelente zona para alojarse porque el barrio es una de las principales atracciones de la ciudad y está muy cerca o bien comunicada con todo. Otras opciones buenas son Chiado y el barrio Alto. Hay muchos hoteles en la zona de la plaza Marqués de Pombal pero para mí está muy alejada, aunque si se prefieren los hoteles de cadena es ahí donde están.

Transporte
Nosotras llegamos en tren desde Porto hasta la estación Santa Apolonia donde tomamos el metro Azul hasta la estación Baixa/Chiado que se llama así porque desde la misma estación se puede salir directo a la Baixa o subir hasta Chiado.
Dentro de Lisboa mucho se puede hacer caminando y para las atracciones más alejadas lo ideal es tomar el tranvía, que además es una atracción en sí mismo, metro o buses. Hay tickets individuales o pases diarios.

Gastronomía
Al igual que Porto, Lisboa es muy accesible para comer. En la Baixa hay muchos restaurantes, casi todos sirven lo mismo, de calidad discreta. Confieso que no incursionamos mucho en la gastronomía, mis exploraciones estuvieron dirigidas a los pastelitos de belén y sus muchas variantes.

Atracciones
Cada vez me interesa menos entrar a museos, iglesias, castillos, etc. pero obviamente cuando hay alguno sobresaliente no lo dejo pasar. En el caso de Lisboa no hubo nada que me atrajera particularmente porque la ciudad en sí es muy rica, así que sólo entramos al Museo Berardo que además era gratuito. (No fue por miserables pero llevábamos casi un mes en Europa y los gastos se suman sin parar).

Compras
Lisboa tiene todas las marcas internacionales y hasta una sucursal gigantesca del Corte Inglés en lo alto del Parque Eduardo VII.
Las artesanías locales no me gustaron lo cual era un problema porque tenía que traer algún regalo. Por suerte encontramos un local precioso de venta de conservas de pescado en unas latas divinas, la Loja das Conservas. Lo recomiendo ampliamente, no se vayan sin comprar atún, una vez que lo prueben se van a dar cuenta de que en realidad nunca antes comieron verdadero atún.